En el vertiginoso mundo del desarrollo de aplicaciones, y con la pasión de los desarrolladores independientes por enriquecerse rápidamente, prevaleció el principio: "Encuentra un nicho, resuelve un problema y gana dinero". Si bien este principio puede ser un motor de innovación, surgió una tendencia preocupante cuando esta mentalidad puramente comercial se aplicó a los textos más sagrados.

El éxito de ciertas aplicaciones religiosas dirigidas a grupos específicos en Occidente, como "La Biblia para Mujeres" (que, según se informa, genera decenas de miles de dólares mensuales), ha despertado el interés de muchos. Este lucrativo modelo ha atraído a desarrolladores —muchos de los cuales no son musulmanes y tienen poco interés en la religión— que han comenzado a centrar su atención en el Corán, intentando presentar la palabra de Dios en formatos comerciales, como "El Corán para Mujeres".

No se trata simplemente de un error de software: es una distorsión digital de la verdadera religión.
Mecanismos de “comercio” en la religión
El problema empieza con la facilidad para acceder a este campo. Un desarrollador no necesita ser un erudito, ni siquiera musulmán, para publicar una aplicación del Corán.
El fenómeno del “reenvasado”Los desarrolladores toman el código de fuente abierta para aplicaciones gratuitas del Corán (de GitHub, por ejemplo), y solo cambian el diseño y los colores (por ejemplo, un color rosa para la aplicación “Corán para mujeres”), luego lo suben a la tienda.
Falta de auditoríaLas bases de datos de versos y traducciones se copian a ciegas. Si la fuente original contiene errores (falta de diacríticos o un error de traducción), estos se transmiten a miles de usuarios.
Engaño por característicasComo vemos en los anuncios de Instagram, estas aplicaciones prometen funciones falsas como "interpretación impulsada por IA" o "corrección de la recitación del Corán impulsada por IA", pero al descargarlas, el usuario encuentra una aplicación vacía cuyo único propósito es mostrar anuncios o atraerlos a una suscripción paga.

Un desarrollador está engañando a los usuarios con funciones que no están disponibles en su aplicación.
La trampa de la publicidad: el vicio junto a la virtud
Lo más alarmante de estas aplicaciones comerciales es su modelo de lucro. Para maximizar los ingresos, los desarrolladores utilizan redes publicitarias agresivas.
contexto inapropiadoNo es raro que un usuario lea versículos sobre la pureza y la castidad y luego sea interrumpido por un anuncio en pantalla completa de una aplicación de citas, un juego de apuestas o una plataforma de préstamos usurarios.
La indiferencia de los desarrolladoresDado que muchos de estos desarrolladores no son musulmanes, carecen de la sensibilidad religiosa necesaria para bloquear ciertas categorías de anuncios. Para ellos, "ver" equivale a "ganar dinero", independientemente de si el anuncio ataca los valores que el usuario está leyendo.
La víctima oculta: el nuevo musulmán
Un musulmán árabe, en virtud de su educación, puede descubrir estos trucos y eliminar la aplicación inmediatamente. Pero el verdadero desastre reside en los "nuevos musulmanes".Imaginemos a alguien en Europa o América que se ha convertido recientemente al Islam y está ávido de conocimiento.
Dispersión doctrinalCuando alguien descarga una aplicación titulada “Corán para mujeres” bajo el supuesto de que existe una revelación específicamente para mujeres, esto ataca el corazón del concepto de la universalidad del mensaje musulmán.
Sacudiendo la confianzaCuando se encuentra con texto árabe roto o ve publicidad indecente dentro del Corán, experimenta disonancia cognitiva. Puede preguntarse: "¿Es esto lo que permite el islam?" o "¿Está realmente preservado este texto?".
distorsiónLas traducciones no aprobadas pueden cambiar completamente el significado de los versículos, dando lugar a una comprensión distorsionada de los pilares de la fe.
La solución: la necesidad de un “organismo regulador digital”
El botón "Denunciar" en las tiendas de aplicaciones ya no es suficiente. Empresas como Apple y Google son tecnológicas, no guardianes de la fe. Necesitamos acciones organizadas.
Primero: Establecer un organismo de acreditación digital
Así como existe un sello "halal" para los alimentos, debería existir un "halal digital". Instituciones importantes como Al-Azhar o el Complejo Rey Fahd deberían establecer un departamento para ello. "Seguimiento técnico".
Sello digital:Una insignia oficial y encriptada que se otorga únicamente a aplicaciones que se han sometido a una rigurosa revisión legal y de software.
Presión legal y social
Las autoridades jurídicas islámicas deberían pedir a Apple y Google que:
- Prevenir la “trivialización técnica de los libros sagrados (como prohibir títulos como “Corán para mujeres” o “Corán para los ricos” y similares).
- Se impuso un control estricto sobre la calidad de los anuncios en la categoría “Religión”.
El Sagrado Corán no es un producto sujeto a optimización para motores de búsqueda (SEO), ni una mercancía para obtener ganancias rápidas. Es la palabra del Señor de los Mundos. Dejarlo a merced de la avaricia de desarrolladores que lo ven solo como una fuente de ingresos pasivos es una falla colectiva de nuestra parte.
Un mensaje para cada musulmánEsperamos que desempeñe un papel fundamental en la sensibilización de los organismos reguladores sobre la necesidad de activar herramientas legales para disuadir a cualquiera que se atreva a insultar la religión a través de aplicaciones. Las grandes empresas tecnológicas deben comprender que menospreciar la santidad de la religión tiene graves consecuencias legales. Tenemos un ejemplo en China, que ha afirmado su soberanía sobre empresas como Apple y Google, prohibiendo la publicación de cualquier contenido escrito sin la aprobación gubernamental (una aplicación del Corán no puede publicarse en la tienda de aplicaciones china sin el permiso de las autoridades competentes). Los países islámicos merecen aún más ejercer esta soberanía para defender la religión de Dios y proteger sus fronteras digitales.



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